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Vanessa Redgrave nació el 30 de enero de 1937 en Londres fruto del matrimonio entre los actores Michael Redgrave (1908-1985) y Rachel Kempson (1910-2002). De ellos, como su hermano Corin Redgrave y su hermana Lynn Redgrave, heredó cierto gusto por el mundo de la interpretación así como una afinidad a las ideas progresistas. El primero lo canalizó ingresando en el Central School of Speech and Drama en Londres y en la Royal Shakespeary Company, estrenando obras como La dama del mar y La gaviota. Lo segundo se materializaría con una visita a la Cuba de Fidel Castro en 1961. Por esas fechas Vanessa se casó con el director Tony Richardson, quien le convirtiría en madre de Joely y Natasha Richardson.

En 1964 obtuvo un papel en la serie Adiós a las armas que le facilitaría obtener más roles en películas como Un hombre para la eternidad. Michelangelo Antonioni se fijó en ella para interpretar a Jane, la mujer que David Hemmings fotografió desnuda en Blow up (1966). En ella Vanessa posaba expuesta a sus semejantes, desafiándolos con sus poderosos brazos y una melena indomable, y que a su vez mantenía su independencia sirviéndose de su cuerpo para ocultar sus senos: Vanessa Redgrave se convirtiría gracias a esa secuencia en el p
otipo de mujer que abrazaba la causa de la revolución sexual, dispuesta a tambalear todas las instituciones que hiciesen falta. El año finalizó con la obtención del premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes por Morgan, un caso clínico, en la que interpretó a una mujer burguesa que descubría el vacío de su mundo así como el potencial de su propia sexualidad. En enero la academía de Hollywood anunció que Vanessa optaba al Oscar a la mejor actriz y que compartaría terna con...Lynn Redgrave. Finalmente Elizabeth Taylor se erigió en la ganadora. Para entonces, en palabras del crítico Mirito Torreiro, Vanessa Redgrave pasó a encarnar a un prototipo de mujer "responsable de su propio destino", comprometida en toda causa social, luchadora y enormemente activa.

No todo serían mieles. En esas fechas Vanessa se divorció de Tony Richardson, debido al affaire que éste mantenía con la actriz Jeanne Moreau. De dicho fracaso sentimental se reshació en 1967 cuando conoció en el rodaje de Camelot (Joshua Logan) a Franco Nero, padre de su hijo, Caro Nero. En ella se intentó hacer una metáfora sobre la necesidad de establecer estados justos y democráticos. Ahora bien la cinta fue masacrada, aunque las críticas no afectaron a Vanessa habida cuenta de su triunfo de una nueva versión de La gaviota, obra que también representó el cine año siguiente bajo las órdenes de Sidney Lumet.

Por esas fechas Vanessa se puso en la piel de la bailarina Isadora Duncan en Isadora (1968), en la que se consideraba la danza una oportunidad de transgresión, y que le valió otra candidatura al Oscar y otro premio del Festival de Cannes. Como protagonista de los movimientros contraculturales de los años sesenta, Vanessa Redgrave fue absorbida por la cultura oficial, participando en obras de teatro y en películas con visos académicos: María, reina de Escocia -donde compartía plantel con Glenda Jackson- así como Las Troyanas -junto a Irene Papas- son sintomáticas al respecto. En teatro representó La ópera de tres peniques, de Bertold Brecht, dirigida por Tony Richardson; y Noche de reyes, en la que encarnó a Viola, una joven aficionada al travestismo.

En pleno éxito profesional se presentó entre 1974 y 1979 a las elecciones generales por el Partido Revolucionario Trotskista. Su hija Joely Richardson dijo en público: Mi madre dio mucho dinero y durante años no trabajó. siempre estábamos mudándones de casa porque no podía pagar el alquiler. Así es como crecimos con mi madre, con la sensación de que a nuestro
uenta de su triunfo de una nueva versión de La gaviota, obra que también representó el cine año siguiente bajo las órdenes de Sidney Lumet.

Por esas fechas Vanessa se puso en la piel de la bailarina Isadora Duncan en Isadora (1968), en la que se consideraba la danza una oportunidad de transgresión, y que le valió otra candidatura al Oscar y otro premio del Festival de Cannes. Como protagonista de los movimientros contraculturales de los años sesenta, Vanessa Redgrave fue absorbida por la cultura oficial, participando en obras de teatro y en películas con visos académicos: María, reina de Escocia -donde compartía plantel con Glenda Jackson- así como Las Troyanas -junto a Irene Papas- son sintomáticas al respecto. En teatro representó La ópera de tres peniques, de Bertold Brecht, dirigida por Tony Richardson; y Noche de reyes, en la que encarnó a Viola, una joven aficionada al travestismo.

En pleno éxito profesional se presentó entre 1974 y 1979 a las elecciones generales por el Partido Revolucionario Trotskista. Su hija Joely Richardson dijo en público: Mi madre dio mucho dinero y durante años no trabajó. siempre estábamos mudándones de casa porque no podía pagar el alquiler. Así es como crecimos con mi madre, con la sensación de que a nuestro alrededor se agotaba. Compaginó dicha actividad po´lítica con su participación en filmes como Asesinato en el Orient Express (1974). En 1977 Fred Zinnerman le otorgó un papel que se ajustaba a su propio ideario personal: Julia, la mejor amiga de Lillian Hellman, una revolucionaria asesinada que pretendía que su compañera se hiciese cargo de su hijo, fue el papel por el cual Vanessa obtuvo el Oscar al quedar enteramente fusionado el perfil del personaje con su imagen pública. Semanas previas a la ceremonia la actriz se había proclamado simpatizante de la causa palestina y miembros de la comunidad judía había quemado una efigie suya. Cuando aceptó su premio, Vanessa, vestida con una túnica vaporosa inspirada en modelos medievales, ofreció un discurso que sacudió el patio de butacas: Queridos colegas: quería daros las gracias. Pienso que Jane Fonda y yo hemos hecho el mejor trabajo de nuestra vida. Desde aquí os saludo y rindo tributo por no dejaros intimidar ante las amenazas de un grupo de sionistas matones, cuyo compartamiento es un insulto a la verdadera talla de los judíos de todo el mundo. Y os prometo que seguiré luchando contra el antisemitismo, la opresión y el fascismo. Parte del público la vitoreró y Paddy Chayefsky la amonestó en el transcurso de la ceremonia. Finalizada la misma, Marsha Mason -candidata ese año por La chica del adiós- dijo que Vanessa era muy valiente.

A pesar del escándalo su ritmo de trabajo no decreció. En 1979 rodó Yankis bajo las órdenes de uno de los protagonistas del Free Cinema, John Schlesinger. En ella Vanessa incorporó a una enfermera cuyo marido se encuentra combatiendo a los nazis, cuyo hijo es maltratado en la escuela privada a la que acude, y sobrelleva sus desgracias manteniendo un romance con un militar americano (William Devane) asentado en tierra británica para planear el asalto a Normandía. Ese mismo año encarnó a Agatha Christie en el filme Agatha, en el que presentaba una imagen de la escritora poco conocida: la de una mujer cuyos valores victorianos quedan derrumbados ante su inminente proceso de divorcio del Coronel Christie (Timothy Dalton: actor con el que compartía su vida personal) y que abraza la idea del suicidio. La panorámica que muestra sus medias rotas ofrece la visión de una mujer madura cuyo mundo se ha desvanecido.

Así mismo James Ivory la contrató para encabezar el plantel de Las bostonianas (1984). En ella Vanessa interpretó a Olive Chancellor, una sufragista enamorada de una de s
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